JESUS Y EL ESPIRITU SANTO

JESUS Y EL ESPIRITU SANTO

EN LA MISMA MEDIDA en que se reflexione y se ame al Espíritu Santo, se reflexione en Él, en la misma medida en que nos sensibilicemos ante su acción, EN ESA MISMA MEDIDA vamos a amar más a Jesús y vamos a conocer más a Jesús, porque el Espíritu Santo es el Espíritu de Jesús, el Espíritu Santo no sabe hablar sino de Jesús, el Espíritu Santo es el primer evangelizador en la Iglesia, es decir, el primer anunciador de Jesús, el Espíritu Santo es el primer catequista en la Iglesia, el Espíritu Santo no sabe decir sino “JESÚS” y Jesús no sabe dar sino al ESPÍRITU SANTO. EL REGALO QUE JESÚS NOS DA ES EL ESPÍRITU  SANTO.

De manera que JESÚS LLEVA HACIA EL ESPÍRITU Y EL ESPÍRITU LLEVA HACIA JESÚS. Cada cual a su manera, tratan: Jesús de que nos llenemos de su Espíritu y el Espíritu de que nos transformemos en Jesús, que seamos Jesús vivo, que Jesús viva en nuestros corazones por esa gracia del Espíritu, como nos dice la carta a los Efesios.

Y eso lo pueden comprobar acercándose a los textos del Evangelio. En unos, donde se muestra que el Espíritu es el que mueve a Jesús, es el que lleva a Jesús, es el que transforma a Jesús, el que le da todo el poder a Jesús. En los otros, en que Jesús es el que lleva el Espíritu, el que regala el Espíritu. Y en unos y otros dándonoslo a nosotros:

JESÚS DÁNDONOS EL ESPÍRITU Y  EL ESPÍRITU LLEVÁNDONOS A JESÚS

Por eso, si queremos llenarnos del Espíritu Santo, tenemos que levantar los ojos, el corazón y las manos, y decir:

Jesús, dame tu Espíritu Santo, Jesús, lléname del Espíritu Santo, Jesús, bautízame con tu Espíritu Santo, Jesús. Obtenme del padre la gracia del  Espíritu Santo.

Pero si queremos conocer a Jesús, tenemos que decir:

Espíritu Santo, ilumíname. Espíritu Santo, permíteme crecer en la fe y en el conocimiento y en la gracia de Jesús. Espíritu Santo, transfórmame en Jesús. Espíritu Santo, arranca de mí todo pecado porque quiero ser discípulo fiel de Jesucristo.

El Espíritu Santo no tiene nombre. El Padre tiene un nombre, se llama “PADRE” y la segunda Persona tiene un nombre, se llama “HIJO”, pero la tercera Persona no tiene Nombre, es aliento del Padre y aliento del Hijo.

NACE JESÚS Y ESTALLA LA ALABANZA

Para san Lucas “llenarse del Espíritu Santo” es hablar de Dios, es profetizar. Por eso, cuando María llega donde Isabel, Isabel llena del Espíritu Santo, dice: “Pero de dónde aquí que la Madre de mi Señor ha venido a saludarme. Cuanto tu saludo llegó a mis oídos la criatura daba saltos de gozo en mis entrañas”, Isabel “llena del Espíritu Santo” decía: “Bendita Tú que has creído, porque se cumplirá lo que se te dijo de parte del Señor” y Maria, llena también del Espíritu Santo, desde siempre, se convertía para nosotros en profesora de alabanza y decía: Mi alma glorifica al Señor…

Jesús podía comunicar la alegría del Evangelio a los pobres y a los pequeños y a sus discípulos, porque veía que sus pequeñitos del mundo, esos discípulos suyos, también iban a ser considerados sus hermanos, hijos del Padre… La Revelación de la Paternidad de Dios.

Nos dice la carta a los hebreos, en 9, 14, que: “Cuando Jesús se inmola en la cruz, lo hace también por la fuerza del Espíritu, impulsado por el Espíritu Santo”. Y nos dice la carta a los romanos, en 1,4 que: “Cuando Jesús resucita es constituido Señor por el Espíritu Santo”. De manera que es el Espíritu Santo el que lo lleva a la cruz, y es el Espíritu Santo el que lo resucita, y es el Espíritu Santo el que lo hace SEÑOR. Jesús, un hombre abierto totalmente a la fuerza del Espíritu Santo.

De manera que en esos pasajes de la Biblia en que aparece el Espíritu Santo llevando a Jesús, bautizando a Jesús, glorificando a Jesús, haciendo Señor a Jesús. El Espíritu Santo derramándose sobre Jesús. ¿Por qué? porque el Espíritu Santo no sabe sino ir hacia Jesús, volverse hacia Jesús, empujarnos hacia Jesús. Esa es la especialidad del Espíritu Santo. Por eso, si nosotros queremos conocer a Jesús, amar a Jesús, bendecir a Jesús y transformarnos en Jesús, el único camino que tenemos es decir:

¡ESPÍRITU SANTO, VEN! VEN, ESPÍRITU SANTO, Y TRANSFÓRMANOS EN JESÚS, VEN, ESPÍRITU SANTO, TÚ QUE HICISTE EL CUERPO DE JESÚS EN LAS ENTRAÑAS DE LA VIRGEN MARÍA, VEN Y FORMA A JESÚS TAMBIÉN EN NUESTRO CORAZÓN.

Por la fe queremos aceptarlo a él, por la fe queremos vivir de Él, queremos que Él viva en nosotros.

¡ESPÍRITU DE JESÚS, VEN A NOSOTROS Y HAZ DE NOSOTROS IMÁGENES VIVAS DEL SEÑOR JESÚS!

Pero la Biblia sigue enriquecida, los Evangelios muy ricos en la visión del Espíritu Santo, y si esto que les acabo de decir, prácticamente todos estos textos los podemos beber en el Evangelio de San Lucas, los siguientes los podemos tomar del Evangelio de San Juan, y en el Evangelio de San Juan el matiz es otro:

ES JESÚS EL QUE ME DA EL ESPÍRITU

Si en el Evangelio de San Lucas es el Espíritu el que lleva a Jesús, en el Evangelio de San Juan es Jesús el que conduce al Espíritu. Son dos visiones y ambas se complementan, ¿quién a quién? JESÚS AL ESPÍRITU, EL ESPÍRITU A JESÚS.

Y dice San Juan en el capítulo tercero, que para ver el Reino HAY QUE NACER DEL AGUA Y DEL ESPÍRITU y eso se lo dice a Nicodemo. ¿De qué hablaba Jesús? Y ¿qué hacía Jesús? Y ¿qué anunciaba Jesús? En ese capítulo tercero de San Juan, en el versículo 34, dice:

AQUEL A QUIEN DIOS HA ENVIADO HABLA LAS PALABRAS DE DIOS, PORQUE DA EL ESPÍRITU SIN MEDIDA

Ese es JESÚS, enviado por Dios, habla palabras de Dios. Y ¿por qué habla él las palabras de Dios? Porque Él quiere dar, es especialista en dar el Espíritu sin medida. De manera que si nosotros queremos llenamos del Espíritu, tenerlo sin medida, tenemos que decirle: Jesús, tú que das el Espíritu sin medida, ¡derrámalo con abundancia!, no lo escatimes, no nos lo midas, abre las esclusas del Espíritu y deja que venga sobre nosotros diluvio de  Espíritu Santo ¡da el Espíritu sin medida!

Y en el capítulo cuarto, a la mujer samaritana Jesús le pide de beber, y la mujer le dice: “¡Cómo tú, siendo judío, te atreves a pedirme de beber a mí, que soy mujer samaritana!” Y Jesús le replica: “¡SI CONOCIERAS EL DON DE DIOS y quién es el que te pide de beber, serías tú quien le pedirías a Él, y Él te daría un agua de esa que brota hasta la vida eterna!, tú ya no tendrías necesidad de retornar a este pozo a sacar el agua, porque esa es Agua que brota definitivamente hasta la vida eterna”. SI CONOCIERAS EL DON DE DIOS, el regalo definitivo del Espíritu Santo para todos los creyentes. SEÑOR, dame de esa agua.

Y en el capítulo siete, del versículos 37 al 39, donde en el último día de la Fiesta, Jesús allá en el atrio del templo grita:

EL QUE TENGA SED VENGA A MÍ Y BEBA, DE SUS ENTRAÑAS BROTARÁN RÍOS DE AGUA VIVA

Ustedes saben que PENTECOSTES, para San Juan, FUE ALLÍ EN EL CALVARIO. Para San Lucas, PENTECOSTES ES CINCUENTA DÍAS DESPUÉS DE PASCUA. San Juan dice, para describir la muerte de Jesucristo: “ENTREGÓ SU ESPÍRITU”, y esto puede significar que le ENTREGÓ A LA IGLESIA EL ESPÍRITU SANTO, MURIÓ Y FUE PENTECOSTÉS, MURIÓ y YA TENEMOS ESPÍRITU SANTO.

“Es necesario que Yo me vaya para que Él venga”, decía Jesús. “Es necesario que Yo muera para que Él viva, es necesario que Yo desaparezca para que él llegue, así lo ve San Juan:

MUERE JESÚS, LLEGA EL ESPÍRITU

Por eso ese gran Himno en la Liturgia de Pascua: “Yo vi un agua que salía del lado derecho del Templo, el agua del Espíritu, el agua de la gracia, y Jesucristo muerto en la cruz, y Pentecostés comenzando, y Jesucristo entregando su Vida, y el Espíritu Santo vivificando la Iglesia”. De manera que el Señor Jesús, vivo o muerto, no sabe sino dar Espíritu Santo para su Iglesia, Él no tiene nada más que dar.

LA HERENCIA QUE ÉL NOS DEJA ES SU MANDATO DE AMOR Y LA PRESENCIA DEL ESPÍRITU

Por eso, si nosotros queremos extender las manos hacia Él lo único que podemos tomar es el l Espíritu de Jesús. Y por ello, Jesucristo resucitado al aparecerse  a sus discípulos dice: “RECIBID EL ESPÍRITU SANTO. A QUIENES PERDONEN LOS PECADOS, LES QUEDAN PERDONADOS, A QUIEN LOS RETENGAN, RETENIDOS”.

Necesitamos que el Señor esté soplando sobre cada uno de nosotros, el Señor Jesús exhalando su aliento sobre nosotros, y nosotros deseosos de que el espíritu que tenemos se cambie por el Espíritu de Él y que sea el Espíritu de Jesús el que comience a entrar en lo íntimo del alma, que sea el Espíritu de Jesús el que comience a dar vida a nuestro propio organismo.

Eso se llama poder decir como Pablo: “MI VIVIR ES CRISTO”, o decir: “NO VIVO YO, ES CRISTO EL QUE VIVE EN Mí”, o poder decir: “SEA QUE VIVAMOS, SEA QUE MURAMOS, DEL SEÑOR SOMOS, SOMOS DE ÉL”. ¡ÉL ES NUESTRO DIOS!

LAS PROMESAS DEL ESPÍRITU SANTO  QUE NOS DEJA DE JESUS

En San Juan hay CINCO PROMESAS. Dos en el Capítulo 14; una en el capítulo 15; y dos en el capítulo 16. CINCO PROMESAS donde Jesús les decía a sus discípulos:

“YO VOY A ROGARLE AL PADRE Y EL PADRE ENVIARÁ EL ESPÍRITU”.

“EL PADRE Y YO LES VAMOS A ENVIAR EL ESPÍRITU”.

“EL ESPÍRITU QUE VENDRÁ SOBRE USTEDES… ESE ESPÍRITU QUE VA A DAR TESTIMONIO DE Mí, ESE ESPÍRITU QUE VA A SER COMO EL ABOGADO, QUE VA A CONVENCER AL MUNDO DE PECADO Y DE JUSTICIA, ESE ESPÍRITU QUE LES VA A RECORDAR TODAS LAS COSAS…, ESE ESPÍRITU QUE LES VA A LLEVAR A LA VERDAD COMPLETA…”

Ese Espíritu Santo es el que nosotros necesitamos para que sea él el que dé testimonio de Jesús ante nosotros mismos y sea nuestro abogado ante el mundo. Ese Espíritu del Señor es el que necesitamos para que sea él el que nos recuerde todas las cosas. Él está siempre recordándole a la Iglesia la verdad acerca de Jesús, por eso la iglesia no se olvida de Jesús. ¿Por qué? porque el Espíritu Santo está siempre recordándole a Jesús y por eso todos los días hablamos de Jesús, pensamos en Jesús, invocamos a Jesús, recordamos la vida de Jesús…, cada día algún aspecto distinto y cada día un catequista, un teólogo, un Pontífice iluminándonos, dándonos a conocer su experiencia y cada día conociendo cosas nuevas, porque Él, EL ESPÍRITU DE JESÚS, NOS VA LLEVANDO HASTA LA VERDAD COMPLETA.

Y esto es lo que le tenemos que pedir a Él: ESPÍRITU DE JESÚS, VEN.  Sabemos que si uno no tiene el Espíritu de Jesús no es de Jesús, no es de Cristo, no le pertenece. Nos dice San Pablo: “Sabemos que para decir JESÚS ES EL SEÑOR lo hacemos por la gracia del Espíritu”. En la 1 a Corintios, cap. 12: “Sabemos que para confesar al Verbo venido en carne, ésa es una acción del Espíritu”. Necesitamos el Espíritu para ir conociendo a Jesús, necesitamos el Espíritu para ser Siervos de Cristo Vivo, para poder servir a Jesús. No se puede servir a Jesús, no se puede amar a Jesús, no se puede uno identificar con Jesús, si no es por una gracia, por un don, por una presencia especial iluminadora del Espíritu Santo.

SEÑOR JESÚS, ENVÍA TU ESPÍRITU

Necesitamos todos los días crecer en la gracia y el conocimiento del Señor Jesús, y ese el regalo que el Espíritu Santo nos puede dar a todos nosotros  y por ello alcemos manos y corazón, mirada y sentimientos, y le digamos:

SEÑOR JESÚS: ENVÍA TU ESPÍRITU.

CADA DÍA TIENE UN NOMBRE DISTINTO Y CADA DÍA TIENE UNA EXPERIENCIA DISTINTA, Y CADA DÍA PODEMOS CONOCER A JESUS  DESDE ÁNGULOS DISTINTOS, pero todo eso lo hacemos si dejamos que el Maestro Interior, el ESPÍRITU SANTO, abra su cátedra en nosotros, pueda dictar su clase, estemos  atentos a su doctrina y le pedimos a Él que nos transforme y nos deje transformarnos en:

CRISTO JESÚS  ¡EL ÚNICO SEÑOR!

(Extracto de Diego Jaramillo, presbítero del Minuto de Dios)

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