Levántate toma tu camilla y vete a tu casa.

Levántate toma tu camilla y vete a tu casa.

Evangelio según San Mateo 9,1-8

Jesús subió a la barca, atravesó el lago y regresó a su ciudad. Entonces le presentaron a un paralítico tendido en una camilla. Al ver la fe de esos hombres, Jesús dijo al paralítico: Ten confianza, hijo, tus pecados te son perdonados. Algunos escribas pensaron: Este hombre blasfema. Jesús, leyendo sus pensamientos, les dijo: ¿Por qué piensan mal?

 ¿Qué es más fácil decir: Tus pecados te son perdonados, o Levántate y camina? Para que ustedes sepan que el Hijo del hombre tiene sobre la tierra el poder de perdonar los pecados, dijo al paralítico:  levántate, toma tu camilla y vete a tu casa. El se levantó y se fue a su casa. Al ver esto, la multitud quedó atemorizada y glorificaba a Dios por haber dado semejante poder a los hombres.

Comentario del Evangelio

El perdón: “la salud del alma”. A veces nos acercamos a Jesús desde una necesidad concreta, desde lo que nos agobia o inquieta. Pero Él nos da otra cosa, nos lleva más allá de lo que le pedimos y nos ofrece la “salud del alma”. Cristo nos libera del pecado que nos atenaza, nos frena y nos impide caminar detrás de Él: “¡Ánimo, hijo, tus pecados quedan perdonados!”. A unos les parece demasiado (¡blasfema!) y a otros demasiado poco (¡qué fraude!), pero es lo que realmente necesitamos, lo que más nos conviene, lo único que puede sanarnos de verdad y para siempre. Reza: “Señor, ten misericordia de mí, que soy un pecador”.

Lecturas del día

Libro de Génesis 22,1-19

Después de estos acontecimientos, “Dios puso a prueba a Abraham “¡Abraham!”, le dijo. El respondió: “Aquí estoy”. Entonces Dios le siguió diciendo: “Toma a tu hijo único, el que tanto amas, a Isaac; ve a la región de Moria, y ofrécelo en holocausto sobre la montaña que yo te indicaré”. A la madrugada del día siguiente, Abraham ensilló su asno, tomó consigo a dos de sus servidores y a su hijo Isaac, y después de cortar la leña para el holocausto, se dirigió hacia el lugar que Dios le había indicado.

Al tercer día, alzando los ojos, divisó el lugar desde lejos, y dijo a sus servidores: “Quédense aquí con el asno, mientras yo y el muchacho seguimos adelante. Daremos culto a Dios, y después volveremos a reunirnos con ustedes”. Abraham recogió la leña para el holocausto y la cargó sobre su hijo Isaac; él, por su parte, tomó en sus manos el fuego y el cuchillo, y siguieron caminando los dos juntos. Isaac rompió el silencio y dijo a su padre Abraham: “¡Padre!”. El respondió: “Sí, hijo mío”. “Tenemos el fuego y la leña, continuó Isaac, pero ¿dónde está el cordero para el holocausto?”.

“Dios proveerá el cordero para el holocausto”, respondió Abraham. Y siguieron caminando los dos juntos. Cuando llegaron al lugar que Dios le había indicado, Abraham erigió un altar, dispuso la leña, ató a su hijo Isaac, y lo puso sobre el altar encima de la leña. Luego extendió su mano y tomó el cuchillo para inmolar a su hijo. Pero el Angel del Señor lo llamó desde el cielo: “¡Abraham, Abraham!”. “Aquí estoy”, respondió él. Y el Angel le dijo: “No pongas tu mano sobre el muchacho ni le hagas ningún daño. Ahora sé que temes a Dios, porque no me has negado ni siquiera a tu hijo único”. Al levantar la vista, Abraham vio un carnero que tenía los cuernos enredados en una zarza. Entonces fue a tomar el carnero, y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo.

Abraham llamó a ese lugar: “El Señor proveerá”, y de allí se origina el siguiente dicho: “En la montaña del Señor se proveerá”. Luego el Angel del Señor llamó por segunda vez a Abraham desde el cielo, y le dijo: “Juro por mí mismo – oráculo del Señor – : porque has obrado de esa manera y no me has negado a tu hijo único, yo te colmaré de bendiciones y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla del mar. Tus descendientes conquistarán las ciudades de sus enemigos, y por tu descendencia se bendecirán todas las naciones de la tierra, ya que has obedecido mi voz”. Abraham regresó a donde estaban sus servidores. Todos juntos se fueron a Berseba, y Abraham residió allí.

Salmo 115(113B),1-2.3-4.5-6.8-9

No nos glorifiques a nosotros, Señor:
glorifica solamente a tu Nombre,
por tu amor y tu fidelidad.
¿Por qué han de decir las naciones:

«¿Dónde está su Dios?»
Nuestro Dios está en el cielo y en la tierra
él hace todo lo que quiere.
Los ídolos, en cambio, son plata y oro,

obra de las manos de los hombres.
Tienen boca pero no hablan,
ojos, pero no ven ,
tienen orejas, pero no oyen,

tienen nariz, pero no huelen.
Como ellos serán los que los fabrican,
los que ponen en ellos su confianza.
Pueblo de Israel, confía en el Señor:

él es tu ayuda y tu escudo.

Comentario de san Agustín (354-430)   Levántate y anda

“Si el Espíritu de Dios que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el mismo que resucitó a Jesús de entre los muertos hará revivir vuestros cuerpos mortales…” (Rm 8,11) Ahora es un cuerpo humano, natural; luego será un cuerpo espiritual. “Adán, el primer hombre, fue creado como un ser con vida. El nuevo Adán, en cambio, es espíritu que da vida.” (1Cor 15,45) Por esto “hará revivir vuestros cuerpos mortales por medio de ese Espíritu suyo que habita en vosotros.”

¡Oh que aleluya tan glorioso cantaremos entonces, qué seguridad! Ya no más adversarios, ya no más enemigos, ya no perderemos a ningún amigo. Aquí abajo cantamos las alabanzas de Dios en medio de nuestras preocupaciones. En el cielo las cantaremos con total paz y tranquilidad. Aquí las cantamos destinados a morir; en el cielo en una vida sin fin. Aquí, en la esperanza, allá en la realidad. Aquí, somos viajeros, allá estaremos en nuestra patria. Cantemos pues, ya desde ahora, hermanos, no para saborear ya el reposo, sino para aligerar nuestras penas. Cantemos como lo hacen los viajeros. Canta, pero no dejes de caminar; canta para animarte en medio de las fatigas… ¡Canta y camina!

¿Qué quiere decir, camina? Ve adelante, haz progresos en el bien obrar…Camina hacia el bien, avanza en la fe y en la pureza de las costumbres. ¡Canta y camina! ¡No te desvíes, no te eches atrás, no te quedes parado! ¡Volvámonos hacia el Señor!

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