Herodes trataba de ver a Jesús

Herodes trataba de ver a Jesús

Evangelio según San Lucas 9,7-9

El tetrarca Herodes se enteró de todo lo que pasaba, y estaba muy desconcertado porque algunos decían: Es Juan, que ha resucitado. Otros decían: Es Elías, que se ha aparecido, y otros: Es uno de los antiguos profetas que ha resucitado. Pero Herodes decía: A Juan lo hice decapitar. Entonces, ¿quién es este del que oigo decir semejantes cosas? Y trataba de verlo.

Comentario del Evangelio

Jesús, el rostro humano de Dios

Herodes forma parte de la gran peregrinación de la humanidad que, de una u otra forma, quiere ver a Jesús. Más tarde lo solicitarán también los griegos, antes de que el Maestro entregue su vida, porque intuyen la verdad más radical: Dios ha mostrado su rostro en Cristo. Es el deseo presente en el corazón de muchas personas, cualquiera que sea su situación moral o social. Es lo que nos piden nuestros contemporáneos: que hagamos ver a Jesús, verdadera imagen de Dios. No reclaman oír solamente, les es necesario ver, tocar, palpar a quien pueda responder a sus anhelos. La misión de la Iglesia consiste en reflejar en su vida el rostro de Jesús. Una Iglesia que contempla e irradia su Rostro y que le sabe reconocer en tantas imágenes prolongadas, ya sea transfiguradas o desfiguradas, de sus predilectos, los más sencillos. “Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios” (Mt 5,8).

Lecturas del día

Libro de Ageo 1,1-8

En el segundo año del rey Darío, el primer día del sexto mes, la palabra del Señor fue dirigida, por medio del profeta Ageo, a Zorababel, hijo de Sealtiel, gobernador de Judá y a Josué, hijo de Iehosadac, el Sumo Sacerdote, en estos términos: Así habla el Señor de los ejércitos: Este pueblo dice: “Todavía no ha llegado el momento de reconstruir la Casa del Señor”. Y la palabra del Señor llegó, por medio del profeta Ageo, en estos términos:

¿Es este acaso el momento de que ustedes vivan en sus casas revestidas de madera, mientras esta Casa está en ruinas? Ahora bien, así habla el Señor de los ejércitos: ¡Consideren la situación en que se encuentran! Ustedes han sembrado mucho, pero han cosechado poco; han comido, pero no se han saciado; han bebido, pero no han apagado su sed; se han vestido, pero no se han abrigado; y el asalariado ha puesto su jornal en saco roto. Así habla el Señor de los ejércitos: Suban a la montaña traigan madera y reconstruyan la Casa; yo la aceptaré gustoso y manifestaré mi gloria, dice el Señor. ¡Consideren la situación en que se encuentran!

Salmo 149(148),1-2.3-4.5-6a.9b

Canten al Señor un canto nuevo,
resuene su alabanza en la asamblea de los fieles;
que Israel se alegre por su Creador
y los hijos de Sión se regocijen por su Rey.

Celebren su Nombre con danzas,
cántenle con el tambor y la cítara,
porque el Señor tiene predilección por su pueblo
y corona con el triunfo a los humildes.

Que los fieles se alegren por su gloria
y canten jubilosos en sus fiestas.
Glorifiquen a Dios con sus gargantas;
ésta es la victoria de todos sus fieles.

Texto de San Juan Damasceno (c. 675-749)   Herodes quería ver a Cristo

“Nunca nadie ha visto Dios.” El Hijo único que se encuentra en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer” (Jn 1,18). Lo divino es inexplicable e incomprensible: “nadie conoce al Padre, excepto el Hijo o aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar” (Mt 11,27), y el Espíritu Santo conoce igualmente a Dios… Pero después de este primero y bendito conocimiento divino, nadie ha conocido a Dios sino aquellos a quien Dios mismo se revele… Por tanto, Dios no nos dejó en la completa ignorancia, porque cada uno ha sembrado en sí, el conocimiento de que existe un Dios.

La creación, por su cohesión y su dirección, proclama la magnificencia de la naturaleza divina (cf. Rm 1.20). A continuación, la Ley y los Profetas y su único Hijo, el Señor, “nuestro Dios y Salvador Jesucristo” (2P 1.1), han demostrado el conocimiento de Dios, de acuerdo a lo que podemos conseguir.

Por eso todo lo que nos fue transmitido por la Ley y los Profetas, los Apóstoles y los Evangelistas, lo aceptamos, lo conocemos, aplicamos nuestra devoción y no buscamos más allá. Dios es bueno; apela al bien… Como él lo sabe todo y lo que nos conviene a cada uno, nos revela lo que nos es útil de conocer y lo que podemos llevar. Debemos, por lo tanto, contentarnos con esto y permanecer en ello.

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