Nadie es profeta en su tierra. Es hijo del carpintero

Nadie es profeta en su tierra. Es hijo del carpintero

Evangelio según San Mateo 13,54-58

En aquel tiempo Jesús llegó a su propia tierra, donde comenzó a enseñar en la sinagoga del lugar. La gente, admirada, decía: ¿De dónde ha sacado éste todo lo que sabe? ¿Cómo puede hacer tales milagros? ¿No es éste el hijo del carpintero? Y su madre, ¿no es María? ¿No son sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas, y no viven sus hermanas también aquí, entre nosotros? ¿De dónde ha sacado todo esto? Y no quisieron hacerle caso. Por eso, Jesús les dijo: En todas partes se honra a un profeta, menos en su propia tierra y en su propia casa. Y no hizo allí muchos milagros, porque aquella gente no creía en él.

Comentario del Evangelio

En Jesús se manifestaban el poder y la sabiduría de Dios, pero esa gloria se encarnaba y se escondía en una simplicidad poco luminosa. O mejor, esa simplicidad quedaba iluminada por el misterio de Dios. No sólo quiso nacer en una cueva de animales en la noche de Belén. También eligió una familia pobre y sencilla. Era uno más. En el pueblo se preguntaban cómo podía alcanzar sabiduría alguien que desde niño había compartido sus vidas simples. Ellos mismos le negaban a Dios la posibilidad de hacer maravillas en medio de aquella áspera monotonía. Esto debería estimularnos para estar atentos. Quizás Dios nos quiere hablar a través de personas cercanas, esos que vemos y escuchamos todos los días, y quizás no sepamos ver la gloria que encierra nuestra vida cotidiana.

Lecturas del día

Libro de Jeremías 26,1-9

Al comienzo del reinado de Joaquím, hijo de Josías, rey de Judá, llegó esta palabra a Jeremías, de parte del Señor:  Así habla el Señor: Párate en el atrio de la Casa del Señor y di a toda la gente de las ciudades de Judá que vienen a postrarse en la Casa del Señor todas las palabras que yo te mandé decirles, sin omitir ni una sola. Tal vez escuchen y se conviertan de su mal camino; entonces yo me arrepentiré del mal que pienso hacerles a causa de la maldad de sus acciones. Tú les dirás: Así habla el Señor: Si ustedes no me escuchan ni caminan según la Ley que yo les propuse; si no escuchan las palabras de mis servidores los profetas, que yo les envío incansablemente y a quienes ustedes no han escuchado, entonces yo trataré a esta Casa como traté a Silo y haré de esta ciudad una maldición para todas las naciones de la tierra.

Los sacerdotes, los profetas y todo el pueblo oyeron a Jeremías mientras él pronunciaba estas palabras en la Casa del Señor.  Y apenas Jeremías terminó de decir todo lo que el Señor le había ordenado decir al pueblo, los sacerdotes y los profetas se le echaron encima, diciendo: ¡Vas a morir! Porque has profetizado en nombre del Señor, diciendo: Esta Casa será como Silo, y esta ciudad será arrasada y quedará deshabitada. Entonces todo el pueblo se amontonó alrededor de Jeremías en la Casa del Señor.

Salmo 69(68),5.8-10.14

Más numerosos que los cabellos de mi cabeza
son los que me odian sin motivo;
más fuertes que mis huesos,
los que me atacan sin razón.
¡Y hasta tengo que devolver
lo que yo no he robado!

Por ti he soportado afrentas
y la vergüenza cubrió mi rostro;
me convertí en un extraño para mis hermanos,
fui un extranjero para los hijos de mi madre:
porque el celo de tu Casa me devora,
y caen sobre mí los ultrajes de los que te agravian.

Pero mi oración sube hasta ti, Señor,
en el momento favorable:
respóndeme, Dios mío, por tu gran amor,
sálvame, por tu fidelidad.

Comentario del Evangelio por  San Hilario (c. 315-367)  ¿No es el hijo del carpintero?… Y no hizo allí muchos milagros porque les faltaba fe 

Por muy largo que sea el tiempo en que gozaré del aliento de vida que tú me has concedido, Padre santo, Dios todopoderoso, te proclamaré Dios eterno, pero también Padre eterno. Jamás me pondré como juez de tu omnipotencia y de tus misterios; jamás haré pasar mi conocimiento limitado por encima de la verdadera noción de tu infinitud; jamás afirmaré que en otro tiempo tú has existido sin tu Sabiduría, tu Poder y tu Verbo, Dios, el Único engendrado, mi Señor Jesucristo. Porque si el lenguaje humano es débil e imperfecto hablando de ti, no encogerá mi espíritu hasta el punto de reducir mi fe al silencio, por muy faltado que esté de palabras capaces de expresar el misterio de tu ser…

En las mismas realidades de la naturaleza hay muchas cosas de las cuales no conocemos la causa, sin ignorar, sin embargo, los efectos. Y cuando por nuestra propia naturaleza no sabemos qué decir de las cosas, nuestra fe se tiñe de adoración. Si contemplo el movimiento de las estrellas…, el flujo y reflujo del mar…, el poder escondido en la más pequeña de las semillas…, mi ignorancia me ayuda a contemplar, porque si no comprendo a esta naturaleza que está a mi servicio, discierno tu bondad por el mero hecho de que está ahí para servirme. Yo mismo percibo que no me conozco, pero por eso mismo te admiro todavía más… Me has dado el poder razonar y la vida y mis sentidos de hombre que me hacen gozar tanto, pero no llego a comprender cuál ha sido mi principio como hombre.

Es pues no conociendo lo que me envuelve que capto lo que tú eres; y percibiendo lo que eres, te adoro. Por eso mismo, tratándose de tus misterios, el hecho de no comprenderlos no hace que decrezca mi fe en tu omnipotencia… El nacimiento de tu Hijo eterno sobrepasa a la misma noción de eternidad, es anterior a los tiempos eternos. Antes de que nada existiera por ti, Dios Padre, el Hijo salía de ti; es verdadero Dios… Jamás tu has existido sin él… Tú eres el Padre eterno de tu Hijo Engendrado antes de los tiempos eternos.

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